Sucia.
Ruidosa, asquerosamente dulce, transpirada y ciudadana.
Añeja y melancolica.
Asi se me hace Buenos Aires, un veinticinco a la mañana.
Quedan los restos de la fiesta
y el dueño de casa se acuesta a dormir sin barrer.
Unas cuantas horas antes, bajo la excusa de las navidades (¿Alguien se acordará que se celebra?) se abrazan dos extraños. El hospital de quemados se proclama por una noche como el boliche con mas onda, o al menos el mas concurrido. Los taxistas se relamen por la clientela y deciden cobrarle el doble a los transeuntes indefensos, sedientos de alcohol y de festejo.
Antes de eso el chin chin con la familia, los mas viejos miran el cielo como agradeciendole a Jesus (el homenajeado) por un año mas de vida. Las peleas familiares se digieren mejor con Vittel Toné. Los mas chicos se juran no quedarse dormidos para agarrar desprevenido a Santa Claus y a su mejor amigo Coca cola Company. ( Y uno que tiene ganas de gritarles "¡Papá Noel son los padres, lidia con eso como puedas!").
Antes de eso, sacudirse las pocas ganas de festejar algo que uno no entiende, tratando de explicarse a uno mismo que a pesar de ser agnóstico y ateo, esta es una buena ocasión para reunirse con sus familiares, que si todo el mundo lo festeja, uno no puede hacerse el desentendido.
Todos los años el mismo guión. Me agotó esta pelicula.
Que ganas tan grandes de abolir la navidad.
(Se agradece no comentar acerca de lo mucho que disfrutan la navidad y el pan dulce y la ilusión de los niños. Ya bastante tiene uno con las publicidades de celulares que comentan exactamente la misma basofia. Muchas gracias).
211 FEB 2020
Hace 6 años.

