18.2.08

"Acerca de la plata que se gasta en taxis"

Una vez mas me estoy volviendo.
Una vez mas me esfuerzo en buscar una situación que tengo la certeza de que llegará a mal puerto.

Una hora antes llegaban ellas al depto de mis amigos. Y, lo que era una conjunción de desorden, olor a verano en las axilas y un poco de Playstation, se ha transformado raudamente en una casa "welcome ladies" con axe y pelos mojados por duchas de último momento.
Uno de mis amigos ( el mas amigo de todos ellos) y yo, primero rehuimos de la situación. Tomamos mate en la vereda de la casa, exiliandonos de la rutina de levante que acontece en el living.
Pero, un codigo de caballeros nos impulsa a abalar con nuestra presencia al grupo que, puertas adentro, se esfuerza por llevarse una presa del ritual.

Una de ellas, morocha, ríe. Ríe como un estruendo. Su rebuzno colma todo el barrio de La Paternal, dejando sin aire a cualquier sonido que quiera timidamente, hacerse un espacio.
Me mira. Nota mi silencio. Me convida a participar de la charla. Le sonrío, simulando timidez. Hago un esfuerzo. Intento desesperadamente buscar un aliado en mi tormento. Mi amigo, es mas fuerte. Ha hecho caso omíso de los llamados de las presas a participar de la cacería. Se mantiene indemne, aunque notoriamente harto, apartado escuchando musica. O, mas bien intentando escucharla, ya que los rebuznos de la risa estentorea de la morocha van creciendo, agitando los cimientos de la casa antigua de Paternal.
Otro de mis amigos, que se siente evidentemente comodo en el ritual (o así lo hace parecer muy naturalmente) intenta fortalecerme y me transforma en el centro de atención por unos instantes. Incomodos. Horribles. En donde las miradas de ellas se vuelcan en mis huesos fragiles. Otra de ellas, que tiene un flequillo cortado drasticamente por un leñador enceguecido en rivotril, intenta esbozar unas preguntas que me despiertan tanto interes como una clase de contaduría.

Mi amigo, el primero, ha desistido. Aprovechó mi descuido para huir a dormir a su cuarto, cerrando con llaves, trabas y pestijos, su puerta y cualquier posiblidad de abstracción de las preguntas de flequillo de hacha o los rebuznos de la morocha.

Momentos despues, mientras la cumbia ha ganado terreno, mi celular, un radiotaxi, la espera y la huida.

Mientras vuelvo por Av. Gaona y de fondo se escucha FM Aspen, me pregunto cuantas veces tendré que intentar que me agraden estos rituales, antes de darme cuenta de que definitivamente, terminan siendo, siempre, una inversión en radiotaxis.

1 opinaron al respecto:

como envejece mi campera dijo...

La solución: comprate una bicicleta. Es el mejor medio. Es gratis, haces ejercicio, no dependes del resto, llegas y te vas cuando queres. Y además, siempre podes llevar a una muchacha hasta la puerta de su casa y ligarte un beso.

Sí, soy yo, tefi.