28.7.09

"Cajita Musical"

Danzan, desde sus ojos pardos, dos lagrimas verdes que endulzan un café que la acompaña. Llena el bar de suspiros... olor a avellanas.

Danzan, desde la punta de su lengua, dos silencios que se niegan a callarla. Ella guarda un silencio en el bolsillo, y paladea el otro. Lo deglute y con la soltura de una dama de mediodía, deja que le estalle en el pecho. Entonces, y solo entonces, elije 3 palabras. Las suelta suavemente, y su susurro tambien baila entre los dos.

Cuando sonríe, canta. Tiñe de purpura las mesas. Cuando sonrie canta tangos de barrio y de tejados. Sonrie y los violines quisieran ser beso que aclimate la ocasión.

En su caricia, baila tambien, un fuego espeso que derrama sangre y vida. Silban suaves melodías las almohadas. Y las sabanas danzan con ella y le despeinan la mirada.

Su abrazo compañero sincera a los extraños y ellos bailan, quizas nerviosos, pero bailan.

Sus pasos anclan en Boedo y el barrio la recibe tambien con un abrazo. Y ella baila con el barrio. Quizas nerviosa... pero baila.


Miro en las mañanas sus ojos pardos, sus dos lagrimas verdes.

Yo las bebo y acompaño su canción.

14.7.09

"Un estreno"

Darse a conocer, desnudar en cada minuto previo, la fragilidad de mis huesos. Concertar mil ensayos para desembocar en un momento.
Soltar la mano de aquello que cuidé como a una cuna mecida en el abismo. Dejarles algo a los actores que los haga sentir niños momentos antes de enfrentarse al cíclope. Despues de todo es eso... jugar con reglas.

Sentirse padre, hijo, abuelo.

Dar sala. Enfrentar al cíclope cara a cara. Escuchar los pasos disonantes desde el calabozo frio y bajo en el que se me transformó la cabina de luces y sonido.

".-Por favor apaguen sus celulares.-"
Y oscuridad. Nada mas que decir ni hacer. Tan solo ellos, y el ogro con su ojo gigante.

Mi sangre burbujeante, me atrinchera el grito. Ganas de parir. Sed de vida y de sosiego.

La primer risa ante algo que meses antes no era mas que una letra acartonada en un monitor 14 pùlgadas lleno de Piazzolla y enero.

Un aire frio, liviano y electrico recorriendome el pecho.

Los silencios diletantes de una sala oscura ante el drama no resuelto.

El escenario hogar espeso de aquello que queda por contar.

El aplauso. El alivio. Las sonrisas.

Las miradas llenas de guardapolvo y tiza. Miradas infantes, sonrisas abiertas.

Y despues solo el eco discordante que se agolpa en los oidos cuando el aplauso cesa y todo acaba.

La sensación ambigua y seca... mezcla de angustia y plenitud de sobremesa que deja un estreno cuando se te escurrió como un relampago y te sorprende en la cama, deslumbrado, horas despues, aferrandote a la almohada deseando que la vida fuese simplemente esto.