Danzan, desde la punta de su lengua, dos silencios que se niegan a callarla. Ella guarda un silencio en el bolsillo, y paladea el otro. Lo deglute y con la soltura de una dama de mediodía, deja que le estalle en el pecho. Entonces, y solo entonces, elije 3 palabras. Las suelta suavemente, y su susurro tambien baila entre los dos.
Cuando sonríe, canta. Tiñe de purpura las mesas. Cuando sonrie canta tangos de barrio y de tejados. Sonrie y los violines quisieran ser beso que aclimate la ocasión.
En su caricia, baila tambien, un fuego espeso que derrama sangre y vida. Silban suaves melodías las almohadas. Y las sabanas danzan con ella y le despeinan la mirada.
Su abrazo compañero sincera a los extraños y ellos bailan, quizas nerviosos, pero bailan.
Sus pasos anclan en Boedo y el barrio la recibe tambien con un abrazo. Y ella baila con el barrio. Quizas nerviosa... pero baila.
Miro en las mañanas sus ojos pardos, sus dos lagrimas verdes.
Yo las bebo y acompaño su canción.
