29.5.08

"Carta a Juan Carlos" Capitulo II

Cuando se hicieron las siete de la tarde y mientras daba puntos finales a mis tareas del día, ya me había convencido. Aquello que había visto a la mañana debía ser mentira. Una ilusión optica, como aquellas que tienen los caminantes que atraviesan el desierto despues de dias de exponerse a calores sofocantes.
Mientras esperaba el subte en C. Pellegrini me sonreía y pensaba como había podido sostener, durante tanto tiempo, la mas minima duda sobre el tema. Es imposible que haya un Avestruz en mi living, me decia.
Ahí estaba.
Juan Carlos, ni bien abrí la puerta y apoyé las llaves sobre la mesa del comedor, ví salir del baño al animal con el diario La Nación bajo un ala y el papel higienico bajo la otra.
Sin dar un paso mas, me quedé petrificado. El, se detuvo unos segundos. Me miró. Me clavó la mirada. Entonces intenté emitir algun sonido, pero casi inmediatamente me lo reprimí. No iba a abalar con mi palabra la existencia de aquello que no existe. Es imposible. Me repetí.

El ave, siempre con pasos lentos, continuó entonces su camino hacia el living.
Yo mientras tanto permanecí inmovil. Me quedé paralizado lo que calculo fueron horas, mientras el, desde el cuarto del al lado, se debatía en un zapping esporadico.
De esa primera noche solo recuerdo como, en determinado momento, escuché la interrupción de la señal de Canal 13. Me acerqué al living. Ví al avestruz durmiendo boquiabierta en el sillón y con el mayor sigilo posible, me dirigí hacia mi cuarto.
De mas esta decir que no dormí.

26.5.08

"Carta a Juan Carlos" Capitulo I

Buenos Aires, 29 de Agosto de 1998
Estimado Juan Carlos:
Por la presente, me comunico contigo lleno de nervios. Impávido. No estoy bajo el efecto de psicofarmacos, pero ya desde hace varios días, un Avestruz juega a las damas chinas en la mesa ratona de mi comedor. Varios dias ya, en los que este plumifero habita mi casa, sin mediar explicación alguna.
Si Juan Carlos. Juro que no estoy contandote esto en un sentido figurativo. No quiero representar una idea abstracta ni hacerte entender mediante simbolismos mi estado de animo. No encuentro otra salida mas que compartir con vos esto, a pesar de que hace tanto que no te escribo.
Un ave de pelaje entrecano y ojos fatigados pero iracundos deambula por mi living y me vacia la heladera desde hace ya una semana. (O al menos creo que hace una semana de esto, porque sinceramente, he perdido la nocion del tiempo).
Todo empezó un Jueves. El día si lo recuerdo.
Me levanté yo, todavía adormilado y con la boca reseca y me dirigí con pasos mansos hacía la cocina de mi departamento.
Fué cuando le ponia la tercer cucharada de azucar al mismo té de manzanilla de todas mis mañanas, que lo ví.
Un avestruz de largas patas amarillas ojeaba el diario en el sillón de mi living mientras bebía, de a sorbos cortos, un café.
El ave reparó en mi despues de un rato. Cuando lo hizo, pareció restarle importancia a mi presencia y continuó con su rutina como si nada.
Corrí hasta mi cuarto. Me apresuré sobre la corbata mas próxima en mi armario y huí de mi casa sin cerciorarme siquiera si acaso no se trataba simplemente de una mala pasada que me había jugado la almohada.
Ya en el trabajo, la rutina y los Gutierrez lograron que me abstraiga. Pero de a ratos, cuando las consignas de escritorio se llenaban de tildes, me invadian signos de pregunta. Casi al descuido me encontraba a mi mismo envuelto en la ridicula duda.
¿Habia visto un Avestruz en mi sillón?

15.5.08

"Dada la destrucción de las viejas costumbres... ¿Quien debe tomar la iniciativa?"

Conclusiones personales:

Hay un viejo juego, un arte mas viejo que la historia. La seducción, explicita o implicita, lleva siglos de cortejos, de miradas, de inocencia camuflada. Se han probado desde engaños, reclamos y hasta cartas bañadas en declaraciones sinceras.
Pero lo cierto es que en tiempos de besos por celular, las viejas costumbres, los viejos cortejos han sido derrotados. El problema... quizas el mas grave de todos los problemas que han surgido al respecto, es que ninguna nueva postura ha ocupado la escena. Vivimos entonces en tiempos en donde la incertidumbre es la madre de todas las "conquistas" y la duda es el padre de todos los amores.

Ante la pregunta que da titulo a la siguiente misiva, los (¿lectores?, ¿me animo a llamarlos así?) de Tanadas, seguramente subyugados por esta poca claridad en la que esta sumergida la conquista respondian:

EL Hombre (47%)
Casi la mitad de los consultados se resiste a la idea de que mueran las viejas costumbres y persiste en el costumbrismo. Es el hombre quien debe atravesar el umbral de la incertidumbre y lanzarse en busqueda de una respuesta inconclusa.
Asumiendo, como probablemente sea cierto, que aquellos que optaron por esta respuesta sean mujeres; esto nos arroja dos conclusiones. La primera: Una gran mayoría de las mujeres no esta dispuesta a ceder ese lugar de privilegio, en el cual ellas deben dar sutiles señas y el hombre activar al respecto. La segunda: A pesar de todo, la mujer sigue viendo con buenos ojos ESAS viejas costumbres.
A aquellos lectores hombres que hayan optado por esta opción: Mis felicitaciones. Hacerse cargo no es para cualquiera.

La Mujer (21%)
La nueva corriente. Hijos/as de un feminismo mal interpretado, el 21% de los consultados, entienden liberación femenina como intercambio de roles. Llegan a asegurar (No es mi caso) que es el hombre el que debe ser conquistado, y es la mujer quien debe cortejar, cual Romeo vaginal, a su presa.
Aquellas mujeres que optaron por esta opción: Pudiendo compartir o no (No) esta corriente, mis felicitaciones por ir por lo que quieren. Hacerse cargo de lo que uno quiere no es para cualquiera.
A aquellos consultados hombres que optaron por esta respuesta: Saquense el gel de la cabeza y enrosquense un par de genitales.

Todos deben callar hasta perecer (31%)
La respuesta de aquellos que o bien:
a) Han estado expuestos recientemente a una desilusión amorosa
b)Estan embebidos en la peligrosa y confortante manta de la autosuficiencia
c) Les pareció la salida mas comica ante semejante cuestionario que despues de todo, no va a ser evaluado por un erudito sino por un completo desconocido que un día decidió ponerse un blog y meterle jazz de fondo.
Si ud lo hizo por c: Mis felicitaciones... con ese sentido del humor va a llegar lejos amigo.
Si ud lo hizo por a o por b: Sabe muy bien que en el fondo... no siente así.

Lo cierto, es que hoy por hoy, en tiempos de te kiero con k...
Quererse con "q" se hace dificil. Pero bien vale la pelea.

10.5.08

"Teodoro Wilmer García y el silencio del día"

Teodoro Wilmer García observa con cierto disimulo, como su tutor, su dueño, Lo abandona para perderse en la rutina salvaje.
Mira con ojos abiertos como se abre la puerta y la tenue luz de una mañana que recien se despierta le eriza los pelos y crispa su atención.
Es que detras de esa puerta se esconde, envuelto en misterio, todo aquello que Teodoro no conoce. Un universo que excede las paredes, algunas blancas, otras color durazno, de ese recinto eterno que contiene su existencia.

Entonces, liberado de la contención fraterna de quien es su único aliado, se dispone presuroso a su rutina solitaria.
Primero contrae sus uñas. Contiene de lleno sus impulsos hasta que el instinto lo vence y se abalanza sin piedad a los parlantes del equipo de audio.

Una vez que ha afilado sus aguijones, lo espera un termotanque en lo alto, que se ofrece como una suerte de mirador para observar la mañana. Y ahí deja pasar sus primeras horas. Se brinda primero a la melancolia, y desde ahí compone melodias, que se reserva quizas para cantarle a su amigo, a su padre, cuando se reuna con el, más adelante en el día.

Cuando lo vence el aburrimiento, se dirige mansamente a la cocina. Ahí devora como a una presa sus reservas de comida para luego instalarse en su sillon de dos de la tarde, que lo cobijará, si lo acompaña el clima, con un sol amigo y tibio que lo arropará para la siesta.

Luego de su baño de lengua de las 4, es el momento. Cuenta la leyenda que por un período no mayor a dos horas, pero no menor a dos tampoco, Teodoro escribe su historia. Se pierde entre papeles y recuerdos perfumados de vidas pasadas; un frenesí descontrolado se apodera de él mientras relata sus epopeyas, sus batallas y quimeras.
Cuenta la leyenda que ahí Teodoro debe recordarse a si mismo que es un gato. Este proceso le lleva una media hora, en donde lentamente, se reencuentra con su cola, con sus uñas y sus pelos erizados.

Se siente entonces el ruido de unas llaves. Teo se recompone, y cuando su dueño, su padre, atraviesa la puerta, le canta las melodías que compuso para el en la mañana.
El, su amigo, lo escucha con oidos atentos, mientras le llena el plato de comida. Luego sube los peldaños de la escalera y se acerca al escritorio. Abandona su ropa de humano en el perchero, y casí en un descuido descubre una hoja con la tinta todavía fresca.

Teodoro maulla disimulo. Y su dueño elige no darse cuenta.

8.5.08

"Fiebre de sábado por la noche"





El descanso precede a la batalla.
Ellos llegan al sábado habiendo hilvanado estrategias durante toda la semana.
Ni bien el sol se pone, ellas despiden a su ultimo amante de mensaje de texto y comienzan los preparativos.
Atrincherados en la heladera mas cercana, ellos fagocitan malta y se beben a si mismos hasta sentirse bien hombres.
Ellas se maquillan las tristezas, y pintan con delineador sus desengaños.
Las tropas de ambos bandos se disfrazan con sus mejores ropas para completar la ilusión, y se dirigen presurosos a enfrentarse.
Sus corceles bajan bandera en $3,10.
En el horizonte, se divisan los dos frentes.
Todos impermeables. Inalcanzables. Fatuos. Mudos.
Ahí, arropados en la oscuridad, que los protege de verse, (Ver a los otros y verse a si mismos) se deshacen entre halagos mentirosos e indiferencia fingida.
Estan los que terminan la noche "enamorados". Estan también los que terminan la batalla bañando sus ropajes en amarillo ocre, abrazados a una gris y oscura calle. Otros optan por huir de la escena, diciendo haber pasado una buena velada, hasta que la caricia negra del Fernét se deviene en madrugada, y el sol no deja lugar al desagravio.

Luego, mucho mas tarde, el domingo transformará a los soldados en veteranos de guerra, y habrá lugar para el almuerzo, el descanso y el sarcasmo.
Y mientras el lunes tiña de traje las almohadas, los fines se haran comienzo de la espera para los ellos y para las ellas.

6.5.08

"Lo que cuesta"

Encontrarse en un día simple no es para cualquiera.
Abandonarse al letargo de los días sin tormentas, de las noches suaves, sin amores ni quebrantos.
Resistir el deseo de sufrir un desengaño.
Estar sereno ante un mar calmo, señores, no es para cualquiera.
Como cuesta a veces, alejarse de los llantos y aun así, persistir en las quimeras.
No creer que la vida se sulfata, cuando el suelo no tiembla.
Estar tan acostumbrado a pelear entre vientos y mareas.
Como cuesta,
Elegir ser consecuente y no inconsciente.
Como cuesta, relajarse a lo que venga, sin caer en la trampa del reclamo,
cuando, injusta, la vida nos da vuelta.

Cuesta tanto disfrazarse de vecino.
Ser sociable, sonreirle a los extraños.
Caminar por la vereda sin gritarle al asfalto.
Como cuesta.

Que dificil, como cuesta,
seguirse enamorando,
resistirse a las camisas,
al calor de la oficina,
ser feliz en la cornisa.
Como cuesta.

Y a la vez me encanta tanto.

4.5.08

"Abrazo breve"


(Sugerencia al lector: para completar la experiencia dirijase al reproductor de música de la pagina y salte hasta el tema 5... Yo lo espero).

(...)

(¿Listo?)

(... Ahora bien... )

No necesariamente todo tiempo pasado fue mejor. No necesariamente las zapatillas debieran enrojecerse ante los mocasines.
Pero aun teniendo la certeza de que el tiempo vivido es prueba irrefutable de aquello que uno no transcurrió; Aun así, en el reflejo cansino de los ojos de mi viejo, yo he vivido noches de adoquines y tranvias.
En silenciosas sobremesas de algún verano calido, yo fuí testigo junto a el de las gambetas incontenibles de Pontoni en San Lorenzo.
Con el ví un pedazo de barrio, allá en Pompeya. Con el Pompeya quedó mas alla del terraplén.
Quizas de el, aprendí a morder las lagrimas. Quizas, como el, nunca las supe contener.
En su reflejo yo me espero.
En el me miro.
El es orgullo, es amor.
Es presencia y tambien es olvido.

En su abrazo, tosco, breve, pero abrazo, yo me siento querido.

( ... Ahora bien, lector, ud disculpe. Tendrá derecho a reclamar, si ud. lo siente, y decirme que hoy escribí poco. A aventurarse a señalarme de concíso. Pero si lo piensa, y si leyó atentamente, habrá de entender, que este abrazo que hoy he escrito, yo también necesito hacerlo breve).

2.5.08

"Manifiesto"

Sincerandome...

Nunca me gustaron los tibios que ablandan las discusiones suspirando casí adormilados "De esto no se habla".
Me caen francamente antipaticos los que se niegan el llanto.
Me aburren los que no entienden la ironía.
Soy enemigo de los que niegan el barrio.

Me encantan los que aman los domingos a la mañana.
Les sonrio a los que cantan fuerte por la calle.
Admiro a los que no tienen miedo de dejarse vencer en un abrazo.
Les doy la mano a los que fruncen el ceño en las charlas y protestan claramente y en voz alta.

No me llegan los que niegan sus fallas.
No me gustan los que hablan de soslayo.
Estoy atento ante alguien que no quiere saber de nada.
Me parecen peligrosos los que no se hacen cargo.

Soy de amar a los que sostienen la mirada.
A los que rien con la boca abierta y el alma en la mano.
Me sincero con los que se comparten en un vino y charlas hasta la madrugada.
Les doy lo que pidan, a esos que andan por la vida dejando el alma, pisando el fango, llorando el llanto, sonriendo amores, gritando afonicos...

A esos, les doy todos mis dias, hasta mi vida, si se hace necesario.