30.10.09

"Cadena nacional"


Escribo hoy como quien dice sin pensar. No se trata de atajos ni de dibujos de ocasión. No quiero bordar prosa estéta ni bailar mis letras por ojos empalagados en el almíbar tibio de la sutileza.

Y justamente es eso.

Hoy quiero dejar tallado en un papel, hoy quiero garabatear en servilleta de confitería, hoy quiero imprimir en gigantografía de Corrientes y Callao.

Hoy no quiero escribir tímido para pocos oídos.

Hoy quiero salir en cadena nacional.

Quiero, primero, reconocerme la tibieza. Afrontar como callo. Como cada día sudo llanto para volverme ciudadano. Quiero sincerarme como silencioso aliado de la lluvia. Del hastío. Del desgano.

Quiero afrontar que no confronto a quien debiera. Que no peleo ante el impune, que le sonrío al que me quita la mano, por temor a la escupida que me confirme despreciado.

Quiero contarme, dejarme escrito en este canto de ira fermentada, que me quedo cerca de mucho mediocre cagatinta, que le doy lugar, respeto y oración a mucho vomitasentencias, por un motivo triste, humano y asquerosamente melanco. Miedo.

Quiero decir, gritar, a voz pelada, que soy un individuo cobarde hecho de carne y no de estaño.

Y después, si, sin ánimos de embanderarme como procer de un carajo, sin ningun fín mas que el de sacar de mi pecho una bronca que es llanto impotente, que es el aire seco que se aspira cuando se agacha la cabeza obediente, quiero gritar un basta.

Quiero insultar, quiero putear bien en criollo, quiero golpear hasta esculpir la sangre propia con la ajena. Quiero sacarle a la verdad, la sutileza. Quiero devolverla pura como un pichón recién nacido. Quiero que la oigas vos y vos y vos.

Quiero que los gloriosos discursistas del como hay que hacer las cosas, miren para atrás y se vomiten su pasado hasta mancharse el impoluto traje de justiciero emancipante.

Quiero mas gente que me mire a los ojos, quiero menos bronca masticada en el heno del desgano.
Quiero manos mas sinceras.
Quiero que pase el temblor y los ojos espantados.

Quiero querer a quien me quiere y no a quien se deja querer.

Y ahora si, retirarme a comer pollo con la mano, y ser feliz con lo que pueda, sin saberme satisfecho pero al menos dejando algo en el perpetuo fango de lo escrito, que tiene la hermosa virtud de no poder no ser leido.
Tiene la virtud de permanecer estoico, ante el peligroso confort del olvido.

20.10.09

"Lucky Strike"

Se enciende.
Resquebraja el papel que lo envuelve. Se siente nuevo. Reluciente. Sus primeros humos bailan en el aire. Luce orgulloso, su condición de recién prendido.
Se consume lentamente, fagocitandose, preso de nerviosas pitadas de sobremesa. Va perdiendo altanería hasta convertirse en colilla.
Ya inutil, es arrastrado a su vil muerte de cenicero. Tumba del prensado laborioso, que con Nobleza, Picardo le supo dar.
O en el peor de los casos, es arrojado, aun en brasas, a una tumba de asfalto. Se deja consumir por un viento veraniego. Con estertores escupe sus últimos humos, envuelto en la parca soledad de quedarse sin destino.
Fue cigarro arropado junto a 9 compañeros, en papel metalizado y box de colección. Recuerda melancólico ese noble pasado. Extraña aquel viejo confort.
Es pateado por extraños, ajenos a su frágil estado. Supo ser deseo de labios, y hoy no soporta ser objeto en extinción.

Finalmente es barrido por los dientes frios de un escobillón.


Lucky Strike, (17 de octubre - 20 de octubre 2009) Q.E.P.D.

1.10.09

"Quiste"

Hay un quiste.
Una mancha del mismo color de las begonias, que se adueña de la gente triste. Puede ubicarse facilmente en el brillo de los ojos o en el retozar de los dedos cuando descansan en el respaldo de las sillas.
Es como un día nublado que se aspira de a bocanadas humeantes y se exhala espeso como el humo de un cigarrillo.
No se maquilla ni se desviste. Esta ahí, presente como un ladrillo anciano en el medio de un derrumbe.
Tiñe de olor la humedad de la vereda y se vomita de a suspiros cuando sorprende al descuidado.

Se resiste a la derrota, como un diente flojo que niega su peso y pende molesto, inutil, pero presente.

Paraliza y asusta, se anuncia terrible pero no se desboca.

Es simplemente eso, un quiste gris y neutro, que no trae consigo la muerte, que no estalla ni define, pero se anuncia y se desliza en cada sorbo de café con leche.