28.4.09

"De lo propio y lo ajeno"

Puede llegar ese punto, luego de transitarse varios años, en donde nos miramos un buen día, mientras dejamos correr el agua como cascada por la espalda en la bañera.
Puede llegar ese día, sin avisos ni antemanos, en donde una mojada cachetada nos sorprenda. Un segundo microcefalo, en el que nos miramos desde afuera, como si fueramos un tercero que nos visita sin aviso previo.

Ver: Inmutarse ante la propia carne, sin terminar de reconocerla. Una magia dificilmente descripitible, la de mirarse como a un desconocido.
Releer: el cuerpo, las cornisas de los pesados parpados, los pliegues de la barba, las arrugas del desencanto.
Desesperarse: ante los bordes asperos del cuello, los pectorales tiesos, el propio sexo, espeso.
Escuchar nuevamente: Los canales melosos de la voz propia, los latidos pujantes del corazón, la saliva amarga cayendo por la garganta.

Y sin entender completamente el abstracto momento, nos apresuramos a recuperar terreno, apropiarnos de ese ajeno, que había sido siempre propio.

Simplemente es un momento. No se si les ha pasado.
Se asienta en uno la calma y el desasosiego.
Perder terreno en el hogar mas propio que nos dió la vida. Sentirlo ajeno, lejano. Ajado, por el viento del tiempo.

No se si les ha pasado. No ver en el espejo, a quien creian vestir.

Momentos así se pasan de largo cepillandose los dientes con dedicación.

21.4.09

"Un trailer de la obra que dirijo"

7.4.09

"Pactemos"

Ok. Está bien. Pactemos. Lo mio no es espanto. Ni temor. No es incertidumbre ni desasosiego. No estoy sediento de estar sediento. Pero tengo sed.
Y si... No estoy desordenado ni necesito padrinazgo. No hay arreglo para muchas cosas y menos para las que no estan rotas. Así que pactemos.
Lo cierto, completa extraña, es que no nos conocemos. 
Vos estás aferrada al barandal del colectivo, con la desesperanza de quien se dejó masticar por la rutina. Tus ojeras asombradas y grisaceas, tu transpirar patinoso y afiebrado te delatan. 
Estás marchita.

Y aun así, hay algo en tu perfume de rocio mañanero que me hace aspirarte con frenética alegría. Me hace bailar en tus rulos, apenas conteniendo las ganas de paladearlos. De saborearte las pestañas deleitandome en el dulce rimmel que las baña. Un impulso irrefrenable de clavarte mis uñas en tus nalgas me late en las manos, que ahora transpiran también como las tuyas.

Entonces pactemos. Yo pongo mi parte. Hago caso omiso a mi amor intempestivo y mañanero. Detengo el frenesí de mis sentidos y te abandono a tu rutina de recien desayunada.
Yo juego mi parte. La de siempre. Finjo el desinterés mas relajado que me salga.
Pido entonces, solo una cosa a cambio...
Que me devuelvas la mirada.