25.2.09

"Galopando hacia allá"



Y ahí esta, regurgitando mil soles de colores,

Ya llega.

Llega y me despeina.

Lo siento venir, galopando.

Con la fuerza totalitaria del deseo.

Un lugar.

Una casa, un rincón.

Un cuartel,

en donde la guerra diaria

es sed de cambio.

Un espacio, como punto de partida,

en donde la revolución es uno mismo.

Una hoguera, que de guarida a nuestra fiebre.

Nuestra. Tuya y mia.

Compartida.

En donde cada ladrillo sea cimiento de algo mas.

Una almohada que cobije nuestras ganas de vivir haciendo.

Y no nos deje dormir.

Y nos permita descansar.

Un lugar en donde volver sea partir.

Y vos querés pintar, pero vos querés cantar, vos querias leer,

crear.


Ahi viene... va a llegar. Para todos... va a llegar.

16.2.09

"El juego autocrítico"

El falso modesto, se dice sinceramente incomodado por el halago mañanero.
Niega mérito, aliviana la reunión social.
Pide té para disimular
y se le pudre el aliento.

"No, no es cierto" y se sonroja,"Yo soy tan culpable, que no puedo".
Hace reverencia a los presentes y pontifica a los ausentes bañandolos en miel por su silencio.

Callate... callate. No es cierto.

Simplemente estás sediento.
Sediento de insistencia,
hambriento de gloria y de hombros atentos.

"Soy tan fragil como el viento", gritás. Y todos van corriendo a tu sustento.
No sea cosa que tengás vos que hacerte cargo de tus miedos.

Acto seguido y sin que nadie lo reclame, enumerás tus miles de defectos.
Casualmente, tus defectos son empíricos.
Tus defectos, nos decís, son la modestia, la tolerancia y el decaimiento.

Basta... Basta. No te creo.

Sos oscuro y contradictorio, como el resto.
Si querés hablar, hablame de tu petroleo sangriento.
De tu envidia, de tu mierda, de tu fuego.

"No", Negás timidiamente. "Ojalá pudiera. Pero no tengo".

Y medís el silencio.

Y mientrás tanto, tus entrañas conciben el grito
de la única palabra que conocés del alfabeto.

"YO"

8.2.09

"Bon vivant"

Si desea levantarse a la mañana, cosa que es recomendable, hagalo de manera tal que las plantas de sus pies se aferren al suelo, haciendose uno con el planeta que lo sujeta. Nada de andar levitando sobre las asperezas.

De hacerse necesario desayune. Lo convencional es café, pero puede sorprenderse. Dese el recreo de algún té saborizado, y si se siente afortunado, hagase amigo del mate cocido.

Evite los diarios imperativos. Evite la tibieza del panico global. Si tiene un día soleado, simpatice con extraños malhumorados. Su buen talante puede y debe hacerse contagioso.
Si su amanecer es mas bien agitado, disfrute las delicias de la ironía y el sarcasmo. Tienen un efecto narcotico estimulante, pero ¡Cuidado y moderación, amigo mío! Nada peor que hacerse adicto.

Recluyase en actividades reproductivas. Digase a sí mismo "Quiero crecer hasta que mi pecho estalle". Luego tomese cinco minutos para enorgullecerse y continue mirando hacia adelante.

llegada la hora del almuerzo, detengase. Comer y caminar son dos actividades que no se complementan, entienda esto.

Pasado el tiempo de la digestión, remplace la siesta de la tarde por cuatro cuestionamientos. Profundos. Que tengan base. Cerciorese que no sean caprichos o pucheros, sino Señores cuestionamientos, de esos que llevan corbata y traje.

Luego, escriba. Mas tarde, cante. Ni bien termine con eso, dese un baño para sacarse el enchastre de tinta y bolero. Si tiene ducha, detengase en la maravilla de dejarse estar. Sienta como los hilos de agua, masajean su cabeza hasta dejarla blanca.

Una vez seco, tirese en el barro para deshacer lo anterior.

Repita la ducha y su procedimiento.

De hacerse necesario cene. Preparese a sí mismo una velada romantica. Vino tinto y un churrasco pueden ser grandes acompañantes.

Ni bien termine el festín, declarese a sí mismo un amor incondicional y salga a enfrentarse con la noche, como mas le guste. Desnudese ante el ojo lunar y grite. Luego sienta verguenza por desnudarse. Inmediatamente arrepientase.

Antes de dormir, discuta. Sea impulsivo. Frenético. Contradígase. Cuando el momento sea oportuno, llegue a una conclusión imponderable.
Permanezca en silencio unos segundos.
Aproveche ese instante de vacio para enamorarse. Llore. Llore a gritos hasta arrancar de su pecho la desídia.

Agotese.

Entonces y solo entonces, sonría.

Usted ha vivido un día más.