Puede ser un día cualquiera,
sobre todo si es domingo,
que un recuerdo clave su furia en tu cabeza.
Y un grito ahogado en tu vientre se retuerza.
Puede ser un día cualquiera,
pero es mucho mas silencio si es domingo.
Y las palabras no dichas arden en la garganta seca.
Tu cara se me aparece neutra en la humedad del mediodía.
Aparece y escucha pacientemente,
todo lo que mi cobardía se atragantó con sutilezas.
Podria ser otro día,
pero justamente es un domingo.
Y mi mano se astilla bofetadas.
Mis hombros llueven, cansados de tanto cansancio.
Tan indiferentes como falsos, mis ojos se declaran pardos.
Me muerdo los labios.
Me muerdo los labios y es domingo.
Y tu nombre, de arrebato, me toma por sorpresa.
Se me aparece ciudadano.
Abraza mis represas, y me siento perpetuo y peligrosamente flaco.
Y camino por el barrio
y las familias con sus hijos me dan nauseas.
Y los bares y el partido me dan asco.
Y vomito.
Le vomito nuestros momentos al asfalto.
Y el agua destiñe el ocre recuerdo, lleno de bilis y de desencanto.
Y corro.
Corro agitado por la calle mientras los árboles me lloran su rocio.
Corro hasta quedarme sin aire.
Y le pido al calendario que me cure de domingos el dolor.
Que me acune con su viernes por la tarde.
Me grito a mi mismo - ¡No la extrañes! -
Y es que no hay mejor día que un domingo para traicionarse.
211 FEB 2020
Hace 6 años.
